Malta
Hemos recogido estas impresiones de DROBLO:
Llevo ya años que intento conocer los lugares que visito desde una óptica poco “turística”, intento huir de todo lo programado y hago lo posible por comunicarme con gente que no trabaja específicamente en el sector. En Malta he tenido esa suerte. De este modo me he enterado de lo que hay detrás de un país con menos de medio millón de habitantes repartidos en 2 islas (hay una tercera pero sólo vive una familia) que juntas tienen un tamaño similar al de Ibiza. Un país que está desde enero en la zona euro, donde todos hablan inglés y entienden italiano pero que dispone de unas infraestructuras africanas y una moral religiosa propia de la España de hace 30 años.
Como destino turístico tiene parajes naturales muy bellos, el exotismo de sus autobuses y sus edificaciones y la gran ventaja de una población muy abierta, con la que es fácil comunicarse y aparentemente muy honrada (sus índices de delincuencia son bajísimos). No obstante, las comunicaciones son caóticas y no dan facilidades a los que se mueven por su cuenta: sólo está la red de autobuses –nada clara, con precios diferentes para el mismo trayecto, con mucho poder del conductor que suele ser el dueño del vehículo, cuyos planos de recorridos no son gratis y con algunos vehículos tan viejos que el “llamador” de parada es una cuerda atada a una campana- y la opción de alquilar un coche, que se hace difícil, no sólo porque conducen por el lado de los ingleses, también por los múltiples baches y la forma de conducir de los malteses, que me recuerda mucho a la de los portugueses hace 20 años.
Para el mal estado de las carreteras no he encontrado una explicación lógica pues parece que los respectivos gobiernos se escudan en que los ingresos de los bajísimos impuestos se los gastan en un carísimo tratamiento del agua para que ésta no falte (es más cara una botella de agua que cualquier refresco o incluso la cerveza nacional). Imagino que el completo ingreso en la Unión Europea favorecerá mucho las obras públicas cofinanciadas por Europa…
El caso es que es un destino turístico que conjuga cierta dosis de exotismo -y eso tiene connotaciones positivas y negativas- con la ventaja de un idioma (el maltés suena como el árabe pero como dije todos hablan italiano e inglés), unas costumbres y una moneda europeas. Y como fui en invierno, poco puedo decir de la calidad de las playas pero vi más piedra que arena.









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